El final de una era llega con la cancelación del icónico Late Show de Stephen Colbert, un programa que, durante más de una década, ha sido un referente del humor político en la televisión estadounidense. Después de toneladas de risas y críticas audaces, anunciando su despedida en mayo de 2026, este cierre parece estar marcado por las crecientes tensiones con el expresidente Trump.
Desde su comienzo en 2015, Colbert ha capturado la atención de millones, ofreciendo una perspectiva única sobre la política de Estados Unidos. No obstante, su estilo audaz y a menudo sarcástico, dirigido en muchas ocasiones a figuras políticas como Trump, han llevado a una situación de creciente controversia. En un giro inesperado, la CBS ha decidido poner fin a este amado programa, argumentando que la decisión es puramente financiera.
El episodio final, que tuvo a Paul McCartney como invitado estelar, se extendió casi hasta la una de la madrugada, atrayendo la atención de audiencias y figuras públicas. Ante la ausencia de aquellos que podrían hacerle competencia, rivales como Jimmy Fallon y Jimmy Kimmel optaron por transmitir repeticiones. Colbert, en su momento de despedida, expresó sentirse nostálgico y algo apagado, reflejando la inminente pérdida que supone el final de una parte fundamental de la historia de la televisión nocturna.
A medida que se acercaba el gran día, Colbert dedicó momentos a reflexionar sobre su carrera, sugiriendo que disfrutará de su tiempo libre tras una trayectoria que también incluyó el exitoso The Colbert Report. A pesar de que la CBS insiste en que se trata de razones económicas, la coincidencia con las maniobras de Paramount para fusionarse con Skydance Media no pasa desapercibida.
La sombra de Trump no solo ha influido en el programa, sino que su reacción al anuncio de despedida resulta reveladora. En una publicación en su red social, el expresidente celebró la conclusión del Late Show, subrayando una relación tensa que abarca años. Situaciones como estas nos recuerdan que el humor político tiene sus límites y que, en este caso, ha tenido repercusiones que trascienden la televisión.
Es irónico que un programa que alcanzó picos de popularidad, considerado el número uno en su horario, esté ahora cerrando puertas, mientras que la cultura del entretenimiento y el espacio de los programas nocturnos cambian. De esta manera, el adiós del Late Show no solo se limita a una cancelación más; se presenta como un reflejo de un tiempo que, aunque efímero, ha dejado una huella indeleble en la historia de la comedia y de la televisión.








