Redacción

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ROMA.- Por primera vez en la historia, el Papa ofreció misa de indulgencia plenaria frente a una plaza totalmente vacía y con lluvia.

En el lugar sólo lo acompañó el Crucifijo de la Gran Peste de 1522 y la imagen de la Virgen del Perpetuo Socorro.

El Papa oró por el mundo y la gente que está infectada con un virus que está destruyendo a mucha gente y que las potencias se mueven para tratar de controlarlo.

Asegura que hemos avanzado rápidamente, sintiéndonos fuertes y capaces de todo y codiciosos de ganancias, dice, “nos hemos dejado absorber por lo material y trastornar por la prisa. 

«No nos hemos detenido ante sus llamadas, tampoco nos hemos despertado ante guerras e injusticias del mundo ni hemos escuchado el grito de los pobres y de nuestro planeta gravemente enfermo”, dijo. De hecho: “hemos continuado imperturbables, pensando en mantenernos siempre sanos en un mundo enfermo”.

“Al igual que a los discípulos del Evangelio, nos sorprendió una tormenta inesperada y furiosa. Nos dimos cuenta de que estábamos en la misma barca, todos frágiles y desorientados; pero, al mismo tiempo, importantes y necesarios, todos llamados a remar juntos”.

Con estas palabras, el Papa Francisco inició su reflexión en el momento extraordinario de oración convocado por él mismo el pasado domingo ante la emergencia sanitaria por Coronavirus.

“Nos encontramos asustados y perdidos pero en esta barca estamos todos”.

El dato: el crucifijo milagroso que acompaña la oración «Urbi et orbi» del Papa Francisco en la Plaza de San Pedro, hecho de madera, sobrevivió a un incendio en 1519. Permaneció intacto. Dice la leyenda que fue quién salvó a Roma de la Gran Peste de Europa en 1522.

 

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