El testimonio de una paciente con Parkinson, Carmen, resuena con la experiencia de muchos que enfrentan esta enfermedad neurodegenerativa. A los 76 años, comenzó a notar síntomas que confundió con ansiedad. «Sentía mucha ansiedad y la cabeza aturdida», recuerda. A pesar de su fortaleza mental, no pudo controlar esa angustia y buscó la ayuda de una psicóloga, creyendo que sus problemas eran de salud mental.
Después de varias sesiones, la profesional de la salud mental descartó problemas psicológicos y, tras un año, el diagnóstico de Parkinson llegó. A sus 79 años, Carmen acude a la Asociación Navarra de Párkinson (ANAPAR) dos veces por semana. Allí realiza ejercicios de fisioterapia en un ambiente de apoyo, algo que considera «fundamental» para frenar el avance de la enfermedad y mejorar su calidad de vida.
Impacto del diagnóstico en la vida diaria
El diagnóstico de esta enfermedad implica muchos cambios. Carmen se siente incapaz de realizar actividades que antes disfrutaba, como caminar por la montaña. El cansancio y la inestabilidad son constantes en su vida. «Ya no puedo salir a andar al monte como hacía antes porque, aunque no necesito bastón, siento el desequilibrio y me canso más rápido», relata. Es un recordatorio constante de las limitaciones que impone el Parkinson.
En su día a día, reconoce que dedicar tiempo a sí misma es esencial. «No puedes hacer las cosas que solías hacer ni de la manera en que las hacías», afirma, destacando un cambio en su rutina que refleja no solo la fisiología del Parkinson, sino también el impacto emocional. Carmen señala que, aunque su salud mental ha mejorado con medicación, aún hay momentos que son difíciles de manejar. Consciente de que cada paciente experimenta la enfermedad de manera diferente, enfatiza la importancia de la empatía hacia quienes enfrentan el Parkinson.
La importancia de la empatía y la visibilidad
Para muchos, el diagnóstico de Parkinson lleva consigo estigmas, incluido el mito de que todos los pacientes sufren temblores constantes. Carmen señala que, en su caso, los temblores no son los principales síntomas con los que lidia. «Cada uno lo vive de forma distinta», dice, subrayando que lo que más limita a estos pacientes no son solo los síntomas, sino también la percepción y reacciones de los demás. Desde ANAPAR, se trabaja en la campaña «No soy Parkinson», que busca visibilizar la diversidad de experiencias de quienes padecen esta enfermedad y fomentar la solidaridad.
La historia de Carmen recuerda que, aunque el Parkinson es una enfermedad compleja, abordarlo desde la comprensión y el apoyo puede hacer una diferencia significativa. Durante su proceso, ha aprendido a priorizar su salud y a enfrentar los desafíos con un enfoque positivo, lo que podría inspirar a otros que atraviesan situaciones similares. La lucha contra el Parkinson es una batalla que no se libra en solitario, y el apoyo emocional y físico es crucial en este camino.








