Salinas de Ibargoiti, un pueblo situado en las faldas de la Higa de Monreal, se destaca por su esfuerzo en la preservación de la tradición de la siega manual. Este año, el 2 de agosto, se celebra la 27ª edición del “Día de la Trilla”, un evento que busca revivir las labores agrícolas que precedieron a la mecanización. En un acto de conexión con su herencia, los vecinos se reúnen para recordar antiguos oficios que, de otro modo, podrían perderse en el olvido.
La tradición de la siega manual en Salinas
La jornada comienza con la demostración de las técnicas tradicionales de agricultura. Los ancianos del pueblo, armados con hoz y zoqueta, reviven el arte de segar, transmitiendo su conocimiento a las generaciones más jóvenes. Este evento no solo es una expo de habilidades, sino una manera de mantener vivo un vocabulario que acompaña al trabajo en el campo. Palabras como “mies”, “gavilla” e “era” vuelven a resonar en las conversaciones, evitando que este léxico caiga en desuso.
Un ciclo agrícola completo
A lo largo del día, el programa se estructura para recrear cada fase del ciclo del cultivo. Después de la siega manual, se introduce la segadora-atadora, que agrupa el cereal en hileras. Este arduo trabajo culmina con la trilladora Ajuria, reminiscencia de una época en la que la tecnología no dominaba el paisaje agrícola. La trilla es, sin embargo, más que trabajo; se convierte en una celebración comunitaria, donde la comida y la música son parte del festín.
La comida popular, con un guiso típico que reúne a locales y visitantes, fomenta la convivencia y refuerza el sentido de comunidad. Aunque Salinas es un pueblo pequeño, su acogida se extiende a personas de diferentes lugares, incluidos Galicia y Valladolid, quienes se sienten atraídos por esta fiesta que rescata su historia agrícola.
Colaboración y apoyo comunitario
La organización del evento recae en manos del mismo pueblo, un esfuerzo conjunto que involucra al Concejo, el Ayuntamiento y diversas empresas. A pesar del apoyo comunitario, las dificultades persisten, especialmente en lo que respecta al respaldo institucional. Ignacio Valencia, uno de los organizadores, ha señalado la importancia de mantener esta tradición, pero también la necesidad de que las instituciones de Navarra se sumen al esfuerzo por preservar el patrimonio cultural.
La realidad de Salinas se encuentra marcada por un profundo respeto hacia las técnicas de trabajo manual que han definido generaciones. En cada gesto, en cada herramienta, resuena la historia de un pueblo que se niega a olvidar. Así, el Día de la Trilla no solo celebra la siega manual, sino que se convierte en una forma de reivindicarse y de generar un vínculo intergeneracional que asegura el legado agrícola para el futuro. La pasión por la agricultura y la alegría de compartir estos momentos traspasan las generaciones, recordando a todos que, a pesar de la avances en máquinas, lo manual tiene su propio valor.








