Una niña toma el lápiz con la mano izquierda mientras sus compañeros usan la derecha. No es una elección deliberada ni una señal de mayor habilidad: la preferencia manual surge de una combinación de factores biológicos y del desarrollo cerebral, y se afianza durante la infancia.
Qué determina si una persona es zurda o diestra
La lateralidad es la preferencia por un lado del cuerpo para realizar acciones como escribir, lanzar una pelota o usar unas tijeras. En el caso de Lucía, la niña de la escena, esa dominancia manual se hace cada vez más evidente con la práctica cotidiana, aunque su origen comienza antes de nacer.
La neuróloga Raquel Yubero Pancorbo, del Servicio de Neurología del Hospital Universitario Quirónsalud Pozuelo, explica que no existe una única zona cerebral responsable. La preferencia se relaciona con una especialización parcial de los dos hemisferios cerebrales y con la coordinación de distintas funciones.
La zurdera empieza a definirse antes del nacimiento
La preferencia por una mano puede observarse durante el desarrollo prenatal, pero suele consolidarse a lo largo de la infancia. Por eso, cuando Lucía empieza a dibujar, alternar las manos no permite establecer por sí solo cuál será su mano dominante: importa el patrón que va tomando forma con el tiempo.
La genética participa en esta variación, aunque no funciona como una regla de herencia directa. Si uno de los progenitores es zurdo, puede existir una mayor predisposición en sus hijos, pero los estudios genómicos apuntan a la participación de pequeñas variaciones en numerosos genes vinculados al desarrollo neuronal y a la organización cerebral.
También intervienen factores biológicos y del desarrollo, así como la conectividad entre regiones cerebrales y las experiencias diarias. La zurdera, por tanto, no depende de una sola causa: aparece de la interacción de varios elementos.
Cómo influye el cerebro en zurdos y diestros
En muchas personas diestras, el lenguaje está principalmente asociado al hemisferio izquierdo. Entre las personas zurdas existe más variedad en la organización de esa función: puede predominar el hemisferio derecho o mantenerse en el izquierdo. Ser zurdo no significa, por tanto, que todo el cerebro funcione al revés.
La especialista señala que también se observan diferencias en algunas estructuras, como el surco frontal, y en la localización de ciertas funciones motoras y cognitivas. La neurociencia describe tendencias entre grupos, no una división rígida que permita deducir las capacidades de una persona a partir de la mano con la que escribe.
En una actividad sencilla, como atrapar una pelota, participan la percepción visual, la planificación del movimiento y la coordinación motora. La mano preferida puede facilitar algunas acciones aprendidas, pero tanto zurdos como diestros desarrollan destrezas mediante la práctica; ninguno de los grupos tiene una ventaja general por su lateralidad.
La mano dominante no determina las capacidades
Al aprender a escribir, Lucía puede necesitar herramientas adaptadas a su mano izquierda, como unas tijeras diseñadas para zurdos. Ese ajuste facilita la tarea, pero no cambia su capacidad para aprender ni indica que tenga un perfil cognitivo superior o inferior al de sus compañeros.
La lateralidad es una variación normal de la organización humana. Comprender cómo se combinan cerebro, herencia y experiencia ayuda a reconocer una diferencia individual, no a convertirla en una medida de talento.








