A los 72 y 74 años, celebran sus 50 años de casados con la luna de miel que esperó desde 1976: por fin, viajan a Hawái

Publicado por RenataHernandez

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tras 50 años de matrimonio, esta pareja de 72 y 74 años cumple el sueño pendiente desde 1976: celebrar su luna de miel viajando por fin a hawái.

Después de medio siglo de vida compartida, Laura, de 72 años, y su esposo, de 74, emprendieron un viaje que había quedado pendiente desde 1976. Las bodas de oro llegaron con una ruta por Misuri, California y Hawái: el sueño cumplido de una luna de miel que la pareja tuvo que aplazar cuando se casó.

50 años de casados y una luna de miel pendiente desde 1976

Cuando se casaron, el plan era viajar a Hawái. Pero la vida tomó otro rumbo y, en lugar de cruzar el Pacífico, recorrieron las Cataratas del Iguazú en un Citroën 3CV rojo. El viaje fue especial de todos modos; la promesa de conocer las islas quedó guardada para otra ocasión.

La ocasión llegó cinco décadas después. A sus 72 y 74 años, la pareja mayor salió desde Argentina para celebrar su aniversario de bodas con una aventura de casi cuatro semanas, un viaje romántico que también era una manera de honrar su historia y el amor duradero construido entre alegrías, dificultades y una familia con tres hijos y tres nietos.

Una salida con retrasos, pantallas y paciencia

La aventura empezó en el aeropuerto de Ezeiza, donde las máquinas automáticas de registro pusieron a prueba la familiaridad de ambos con la tecnología. Con calma completaron el proceso, imprimieron sus tarjetas de embarque y etiquetaron el equipaje; la travesía ya había comenzado antes de subir al avión.

Un retraso en el vuelo a Miami les hizo perder la conexión a Saint Louis. Además, al entrar en Estados Unidos tuvieron que recoger las maletas y volver a despacharlas, una gestión que consumió tiempo y terminó alterando el itinerario. La aerolínea reorganizó el trayecto con escalas en Washington, y la espera se convirtió en el primer ejercicio de paciencia del viaje.

En medio de aeropuertos llenos y cambios de planes, Laura y su esposo mantuvieron el ánimo. Las medias de compresión para el vuelo largo, los mensajes de su hija Lara y el cuaderno donde él registraba cada jornada acompañaron el recorrido: pequeños gestos que hicieron más llevadera la distancia.

Misuri: naturaleza, amistades y recuerdos compartidos

En Saint Louis los esperaban Emeric y Shirley, amigos con quienes viajaron hasta la región de los Ozarks. Pasaron varios días en cabañas junto al lago, entre conversaciones, paisajes rurales y una bienvenida que transformó una etapa del itinerario en un reencuentro entrañable.

La visita a Stark Caverns les permitió recorrer formaciones minerales en el interior de la roca, mientras que el parque estatal Ha Ha Tonka ofreció senderos, vistas del lago y las ruinas de un castillo construido en 1920, destruido por un incendio en 1942. El nombre del parque, relacionado con la expresión osage para “aguas sonrientes”, añadió una historia local a la experiencia.

Un asado junto al lago Ozark y días sin prisa

Entre excursiones, los amigos compartieron una barbacoa al estilo estadounidense, preparada en una parrilla de gas y acompañada de papas al horno. Antes de comer, se tomaron de las manos para agradecer el encuentro: un momento sencillo que dio sentido a esos días lejos de casa.

También hubo mañanas de natación en las aguas tranquilas del lago y trayectos por caminos rurales, entre campos de soja y maíz, colinas y casas dispersas. La experiencia, lejos de los circuitos turísticos más concurridos, les permitió conocer una faceta cotidiana de Misuri y conversar sobre sus vidas, la familia y el paso del tiempo.

Al despedirse de Emeric y Shirley, la pareja se llevó más que fotografías: quedó el recuerdo de una hospitalidad compartida y de conversaciones que, como suele ocurrir en los viajes importantes, prolongaron la amistad más allá de los días juntos.

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De California a Hawái: la segunda luna de miel que esperaba

Tras Misuri, el plan era volar a San Francisco, pasar unos días en California y continuar finalmente hacia Hawái, el destino que había quedado pendiente desde la boda. El regreso estaba previsto vía Los Ángeles y Miami, antes de volver a Argentina.

Así, el viaje adquirió el significado de una segunda luna de miel: no una repetición de la juventud, sino una celebración de todo lo vivido desde entonces. En el cuaderno de viaje, cada jornada encontraba su lugar; en la ruta, la promesa de 1976 se acercaba por fin a convertirse en realidad.

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