El turismo de masas, aquel fenómeno que arrastra multitudes a destinos populares, tiene un efecto colateral poco envidiable: el acceso a viviendas asequibles se convierte en un verdadero quebradero de cabeza para los locales. En especial en ciudades como Barcelona, donde el ajetreo turístico ha alcanzado cifras impresionantes. En 2023, la capital catalana fue visitada por más de 15,6 millones de turistas, un número que, aunque alegre para el sector económico, plantea interrogantes sobre la calidad de vida de sus habitantes.
El impacto del turismo en los precios de la vivienda
El alcalde de Barcelona, Jaume Collboni, no ha dudado en calificar la disponibilidad de vivienda como «el mayor problema de nuestra ciudad». Este alarma no es infundada, ya que los precios de alquiler han aumentado un 68% en la última década, mientras que el precio de compra ha crecido un 38%. Este encarecimiento ha complicado la vida de muchas familias con ingresos medios, empujándolas fuera de la ciudad.
El auge de los alquileres vacacionales
Una de las espinas en el costado del mercado inmobiliario es la proliferación de plataformas de alquiler como Airbnb y Booking.com, que han cambiado la forma en que muchos turistas eligen su alojamiento. De hecho, en 2023, se registraron más de 700 millones de pernoctaciones en la UE, un notable aumento respecto a los 440 millones de 2018. Este auge significa que muchos apartamentos que antes servían para el alquiler residencial se desvían hacia el turismo, exacerbando aún más la escasez de vivienda.
La regulación de los alquileres turísticos
Para enfrentar esta problemática, algunas ciudades han tomado medidas restrictivas. En Nueva York, la legislación exige que los apartamentos solo se puedan alquilar por menos de 30 días si están registrados oficialmente, limitando a dos los huéspedes por estancia. Esta estrategia busca preservar la disponibilidad de vivienda para los residentes locales, un objetivo que también están intentando alcanzar en ciudades como París, Ámsterdam y Berlín.
Protestas y resistencia local
A pesar de estas iniciativas, la presión del «turismo residencial» continúa. Las islas Baleares y Canarias han visto manifestaciones en contra de la creciente compra de propiedades por extranjeros, lo que ha llevado a que una de cada tres propiedades en estas áreas se venda a no residentes. Los residentes, incapaces de competir con poderosos compradores internacionales, se enfrentan a la amenaza de desalojo.
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La reacción de la UE y la administración local
Mientras algunos países han impuesto restricciones para la compra de bienes raíces por no residentes, la UE ha optado por una nueva normativa que busca mejorar la colaboración entre las plataformas de alquiler y las autoridades locales, intentando así frenar la expansión de los alquileres vacacionales ilegales. Sin embargo, las efectividades de tales medidas son controversiales. Aunque algunos estudios indican que la regulación puede influir en los precios de venta y en la cantidad de alojamientos turísticos disponibles, su impacto en los precios de alquiler a largo plazo sigue siendo objeto de debate.
Una mirada al futuro
A largo plazo, las decisiones que se tomen hoy en relación al turismo de masas y su regulación serán cruciales. La posibilidad de equilibrar la economía turística con la necesidad de preservar un entorno de vida adecuado para los residentes locales podría determinar la calidad de vida en muchas ciudades del mundo. Las voces de los locales, como Enrique Alcántara, presidente de la Asociación de Alquileres Vacacionales de Barcelona, que advierte sobre el aumento potencial de la oferta ilegal, son un recordatorio de lo complejo que es el equilibrio entre desarrollo turístico y bienestar comunitario.